Guanajuato

10 mujeres en #LaResistencia. El virus no paralizó a barrenderas, enfermeras, parteras, activistas…

10 mujeres en #LaResistencia. El virus no paralizó a barrenderas, enfermeras, parteras, activistas…

–Por Daniela Gabardina, Dulce Olvera y Romina Gándara

Ciudad de México, (SinEmbargo).- Mientras la pandemia por la COVID-19 enfermaba a más de un millón y se llevaba la vida de más de 100 mil mexicanos, las mujeres, trabajadoras de oficio y por ende de actividades esenciales, no soltaron el acostumbrado doble y hasta triple rol socialmente asignado. En medio de todo fueron trabajadoras, madres, cuidadoras y amas de casa.

En estos meses de pandemia e incertidumbre, en México las mujeres han seguido buscando a sus desaparecidos; las calles se barrieron y la basura se recogió; los niños y niñas de poblados marginados sin internet recibieron clases; el Medida continuó dando servicio a millones de usuarios; hubo periodistas en la calle contando historias; los enfermos recibieron cuidados; hubo comida en los hogares; trabajadoras sexuales se enfrentaron a los riesgos de siempre y por otra parte al coronavirus; mujeres dieron a luz con ayuda de parteras para no arriesgarse en un hospital.

En su voz, 10 mujeres contaron a SinEmbargo cómo el coronavirus no las frenó; cómo vivieron el peligro de contagiarse y contagiar a sus cercanos. Hablaron de cómo recorrieron hasta seis horas de camino para enseñar, cómo fue salir de casa a las dos de la mañana para ir a trabajar, cómo fue recorrer hospitales atendiendo o documentando con el miedo de morirse; cómo fue tener que salir a la calle mientras el Gobierno federal y restringido pedía quedarse en casa. Estas son 10 historias de mujeres en medio de la soledad, el miedo y la esperanza. Diez mujeres que representan a miles. Se presentan por orden alfabético de su primer nombre.

ANDREA MURCIA, FOTOPERIODISTA 

Foto: Cortesía para SinEmbargo

Soy Andrea Murcia, tengo 28 primaveras y soy fotoperiodista. Trabajar durante la pandemia ha sido difícil, sobre todo desde esta trinchera. Siempre sentíamos el peligro de modo ajena. Ahora somos parte y podemos contagiarnos en cualquier momento. Estar viendo en primera persona los hospitales y pensar que tú puedes estar en ese superficie o algún sencillo. Ya no es poco que cubres y pasa […] A diario piensas que se puede contagiar algún que quieres o tú y no sabes si te vas a expirar o no.

Siendo fotoperiodista tu trabajo es arriesgarte. Como dijo un compañero ‘cubrir una pandemia es como cubrir una supresión’ porque no sabes en qué momento te van a atacar: Tienes que cubrir el Centro (de la Ciudad de México), el Medida, los hospitales. Todo eso lo hicimos desde el inicio sin aprender cómo cuidarnos verdaderamente.

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Esta fotografía tomada por la fotoperiodista Andrea Murcia muestra el ingreso al hospital de un paciente con COVID en la Ciudad de México. Foto: Cuartoscuro.

El momento que más me causó impacto fue cuando estuve con los paramédicos. Me di cuenta de cómo viven aislados, de las personas que no les importa contagiarse con tal de estar con sus familias, las que deciden no llevarlos a los hospitales y que prefieren que mueran… Lo digo muy frío, pero hay familia que pensaba que sus familiares ya no regresaban del hospital o que sí les quitaban el neto de sus rodillas.

El otro momento fue la cobertura de las movilizaciones feministas, con el hartazgo de imparcialidad que las llevó a la calle a exigir imparcialidad. Hay una frase muy machista que dijo el Presidente de que las mujeres íbamos a cuidar a los que se enfermaran. Aunque es machista, es cierto; las mujeres son las que se han sacrificado más, las que han lidiado con la maternidad estando en casa y por otra parte están las movilizaciones de mujeres que han decidido seguir marchando pese a la pandemia.

Las víctimas de desaparición forzada se pusieron hasta trajes con tal de ir a Palacio Doméstico a protestar. La señora Encierro estuvo en plantón en plena pandemia y se tuvo que ir no porque le resolvieran, sino porque le dio COVID. Las mujeres son fundamentales y son las personas más invisibilizadas interiormente.

ARACELY ROMERO, BARRENDERA 

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Foto: Cortesía para SinEmbargo.

Soy Aracely Romero, tengo 42 primaveras y soy encargada del orden de barrenderas “Mujeres en Argumento”. Se nos ha manejado que es un trabajo esencial para ayudar limpia la Ciudad de México. El seguir con el barredura es un poquito complicado, o sea sales con el miedo a que te puedas contagiar. Pero es  un trabajo esencial, yo creo que igual que un médico lo es la separación de basura. Si no hubiera, imagínate ahorita, servicio de recolectores ni de barredura, o sea, la ciudad la verdad estaría en un caos además.

Mucha familia ahorita no está llevando a extremo el plan de separación de basura como se debe. Hemos enfrentado cubrebocas en el pavimento, jeringas. Diario tienes el temor de que lo tienes que vigorizar y te puedas infectar.

Muchos quisiéramos ahorita no trabajar, estar en casa encerrados, pero tenemos que hacerlo. Si ellos (las personas) tienen la oportunidad de mantenerse en su trabajo desde su domicilio, deberían de seguir con eso si se les da la oportunidad de que se puedan cuidar y no se arriesguen ni arriesguen a su clan. Uno arriesga a su clan. Ellos que están adentro que nos ayuden a los que estamos fuera separando su basura adecuadamente para que no caigamos en ese contagio.

Tengo mujeres en el orden que son madres solteras. Imagínate que tengas que arriesgar tu vida. No es lo mismo cuando están mamá y papá. Cuando llega a no asistir uno, está la mamá. Pero en este caso las chicas tienen que trabajar fuera, arriesgarse, con el miedo de contagiarse para vestir un sueldo a su casa. Y ahí lograr a hacer otras labores. Es un trabajo doble para nosotras y es muy esencial el trabajo de una mujer. Siento que es decano la responsabilidad de la mujer que la del hombre.

ELVIRA MADRID, ACTIVISTA  

Foto: Cortesía para SinEmbargo

Soy Elvira Madrid Romero, presidenta de Tropa Callejera Apoyo de la Mujer “Eliza Martínez”, tengo 53 primaveras y desde hace 30 primaveras estoy en la lucha con las compañeras sexuales, cisgénero y transgénero. Esta es la segunda pandemia que me toca, la primera fue del VIH, pero creo que esta pandemia de COVID-19 nos ha rebasado en todos los sentidos, no estábamos preparadas con todo lo que se venía.

A mediados de abril empezaron a enfermarse las primeras compañeras. Mi compañero Jaime y yo fuimos los que estuvimos en primera lista dando apoyo a las compañeras y nos enfermamos de COVID-19. Desgraciadamente no todos la pudieron librar. Él murió. Creo que se está recrudeciendo la pobreza y quienes estamos poniendo los muertos somos los de debajo porque tenemos una salubridad de asesinato donde no hay la atención ni lo necesario para atender a las personas y siquiera hay suficientes espacios en la atención.

Lo que ha significado es más dolor y más fuerza para seguir, porque cuando caí enferma estuve mes y medio en cama. Perdí ese tiempo, pero las compañeras me siguieron apoyando. Cuando me levanté, ellas me contaron cómo está la situación, porque yo traía mucho dolor por la pérdida de mi compañero, no solo mi pareja en todo el sentido de la palabra, sino mi compañero de lucha y de todas las compañeras que había trillado expirar. Eso me hizo no quedarme cruzada de brazos o llorando, sino ver qué más se podía hacer para que las compañeras no siguieran padeciendo más y no fueran ellas las que siguieran muriendo.

Te puedo opinar que nosotras hemos entregado más de 9 mil 950 despensas, poco que nadie ha hecho, hemos repartido medicamento no solo para COVID-19, además para secuelas. La pandemia me ha enseñado a tener mucha más fuerza a pesar de todo el dolor que veo a diario y me ha enseñado el no quedarse con los brazos cruzados.

HANNAH BORBOLETA, PARTERA

Foto: Cortesía para SinEmbargo

Mi nombre es Hannah Borboleta, tengo 33 primaveras y soy partera. Mi trabajo está harto de muchas incertidumbres porque soy partera y acompaño los procesos de salubridad sexual y reproductiva de las mujeres donde ya hay incertidumbre, entonces, creo que la pandemia ha exacerbado la incertidumbre en la sociedad entera, pero es poco que nosotras las parteras y las mujeres ya estábamos trabajando.

Para mí ha sido echar mano de lo que ya hago y de lo que sé para atravesar la pandemia, tanto yo personalmente, como mi equipo de trabajo para las mujeres que atiendo. Los principales obstáculos han sido y siguen siendo la errata de apoyo a la partería y salubridad a las mujeres en caudillo, que no es cero nuevo ni caldo con la pandemia. Sin confiscación, hemos trillado que, cuando hay crisis agudas, la salubridad de las mujeres experimenta un rezago más cachas del que ya tiene.

Una de las situaciones complicadas es el estrés, que es continuo y crónico en las mujeres, mucho estrés por muertes en la clan, y por otro costado poder contar con un plan B confiable.

Creo que es importante informarnos todo lo que podamos, no dejarnos vencer por el miedo y pensar mucho en qué es lo mejor que podemos hacer en esta situación. Creo que todo mundo hace lo mejor que podemos y creo que es importante no juzgarnos mutuamente, porque todo mundo estamos sobreviviendo a esta crisis como podemos y con las herramientas que tengamos.

JEFA FABIANA ZEPEDA, ENFERMERA

Foto: Twitter @jefafabiana

Tengo 49 primaveras y soy enfermera. Trabajar en pandemia, no detener, le caldo a dar relevancia al trabajo que hace el personal de dispensario. Las enfermeras hemos existido siempre, pero no teníamos la visibilidad que hoy tenemos y lícitamente es porque hoy somos necesarias. Hemos entendido que personal de dispensario podemos contribuir de modo fundamental al sistema de salubridad. Siempre lo hemos hecho, sin confiscación no habían volteado a vernos.

Yo me enfermé de COVID-19. Estuve en el hospital, no la pasé en mi casa. Estuve con secuelas posteriormente, como tres meses con una tos importante que me impedía musitar de corrido, pero nunca me impidió trabajar. Retomé mi trabajo con más ganas porque entendí desde otra perspectiva que no había vivido, es opinar, como paciente. A uno se le remueven vivencias y entonces realizas acciones para solventar esas vivencias del paciente. Una de ellas es estar solito. En mi casa estuve sola porque mi consorte y mis hijos se fueron a habitar a otro costado para permitirme estar en casa y moverme como más pudiera. El estar en esos momentos solita uno se siente sin la capacidad de poder salir, de platicar con algún… es muy cachas.

Encima de la enfermedad, varios momentos han traumatizado mi vida estos meses, tanto en lo personal como en lo profesional. El alejarme de mis hijos, mi consorte y mis papás ha sido lo más cachas. En lo profesional, lo más cachas fue cuando empecé a escuchar sobre las muertes. Cuando empecé a conocer las cifras del personal de salubridad que estaba falleciendo. Los contagios no me impactaron tanto como las muertes […] A eso no se acostumbra uno, no deja de doler. Es una experiencia dolorosa aprender de compañeros que ya no están, que dejaron a sus familias y además un dote importante al Instituto (Instituto Mexicano del Seguro Social): sus conocimientos y sus vidas.

El papel de las mujeres en la pandemia es fundamental. Nosotras hemos tenido un papel importante en la sociedad, pero en esta pandemia somos mucho de la posibilidad.

MIRNA MEDINA, RASTREADORA 

Foto: SinEmbargo.mx

Soy Mirna Nereida Medina Quiñonez, tengo 50 primaveras y soy fundadora del colectivo Las Rastreadoras del Musculoso, que nos dedicamos a averiguar a personas desaparecidas en la zona ideal de Sinaloa. Somos más o menos de 200 o 300 mujeres que con una pala y alfanje salimos todos los miércoles y domingos a averiguar a nuestros tesoros desaparecidos.

Nosotras seguimos buscando durante la pandemia, pero ya salimos en grupos pequeños y nos cuidamos. ¿Sabes que la mayoría del orden cachas y constante de las rastreadoras se contagió de COVID-19 y la mayoría estuvo profundo?, pero su contagio no fue a raíz de las búsquedas, fue de diferentes maneras y estuvieron enfermitas, entonces sí había otros pequeños grupos que salíamos y buscábamos. Encontramos más de 40 cuerpos en la pandemia.

Muchas de las mujeres que dejaron de salir a averiguar se enfermaron no por la pandemia, se enfermaron de tristeza, de impotencia de no salir y averiguar a sus tesoros. Para nosotras las Rastreadoras del Musculoso salir a averiguar es nuestra mejor terapia. Lo más complicado ha sido ver a mis compañeras en la cama, con el oxígeno y aferradas a querer habitar para encontrar a sus tesoros. Eso para mí fue muy desesperante y lo más triste es que aún y con la pandemia sigan las desapariciones, que aún y con la crisis los grupos delincuenciales se lleven a nuestros tesoros.

Creo que en esta pandemia la mujer hizo un papel muy importante. Mis respetos y un aplauso a todas las mujeres que supimos y hemos llevado esta crisis tan cachas. Las mujeres somos las que movemos la clan. Yo quiero mandar un mensaje a las personas que si verdaderamente no tienen indigencia de salir, no lo hagan, que se protejan y que protejan a otros que están cerca de nosotros.

SARAHÍ DÍAZ, MAESTRA DE PRIMARIA DE GUERRERO

Foto: Cortesía para SinnEmbargo

Mi nombre es Sarahí Díaz Méndez. Tengo la tiempo de 29 primaveras y me dedico a la docencia de segundo punto. Ha sido complicado para mí como persona, porque es exponerse tú como ser humano y de igual modo exponer a tu clan, porque uno tiene que trasladarse de un costado al otro con ese temor de contagiarse de la enfermedad.

Ir y venir. He pasado a veces tempestad, caminos feos. Ha sido poco complicado sobre todo mi trabajo con los alumnos. Yo me traslado en pasajera, transporte divulgado cada 15 días. Es un alucinación de seis horas de camino; a veces hasta más dependiendo las condiciones del camino. Me bajo tres días en la comunidad de Hierba Santa, municipio de Acatepec, para resolver alguna duda y adscribir trabajos. Los alumnos no cuentan con internet, no conocen ni una computadora, un celular o una televisión. No tienen camino a eso y ha obstaculizado que yo pueda trabajar con ellos.

Tengo un trabajo, una profesión, igual soy ama de casa. Ha sido a lo mejor un papel que no se reconoce, pero ha sido más duro porque trabajo más ahora por los hijos, la tarea y los quehaceres. Tratarse de acoplarse a un nuevo ritmo de vida para poder sacar delante el trabajo de una, aunque muchas veces no es agradecido.

A los que tienen la posibilidad de estar en casa y aislarse, les digo que lo hagan. En mi persona mi trabajo me lo impide. Es un peligro que está lógico todo el tiempo de contagiarme yo o contagiar a las personas, incluso a mis alumnos. Es una preocupación que todo el tiempo está presente. Que se cuiden y eviten reunirse, hacer fiestas, estar en espacios aglomerados.

SAYURI HERRERA, FISCAL  

Foto: Cortesía para SinEmbargo

Mi nombre es Sayuri Herrera Román, tengo 39 primaveras y soy titular de la Fiscalía de Investigación del Delito de Feminicidio en la Ciudad de México. Seguir trabajando en la pandemia ha significado un peligro en la salubridad, no solo para mí sino para todas las mujeres y las personas que trabajan en la Fiscalía, porque nuestro trabajo es esencial, es un trabajo que no puede terminarse ni suspenderse; es un trabajo de 24 horas diarias. Las medidas que tomamos son además cuidado para las víctimas, las personas que vienen a la Fiscalía.

Ha sido una temporada muy compleja en la que hemos trabajado para consolidar a la Fiscalía en una situación adversa donde tenemos que prescindir de varias personas, sobre todo quienes están en condiciones de vulnerabilidad. El trabajo sigue siendo el mismo, pero se limitan los capital, en este caso humano, para poder afrontar la situación. El Tribunal Superior de Honestidad ha suspendido labores, por lo menos en tres ocasiones, y eso implica que se retrasen los procedimientos que venimos trabajando para el camino de imparcialidad para las víctimas.

De las cosas complicadas por la pandemia ha sido tomar a las madres y a veces están muy dolidas, y creo que lo más duro es no poder abrazarlas. Somos una roca nosotras (las mujeres), me refiero a que, con una fuerza importante, las madres y estudiantes siguieron. Es un movimiento el de las mujeres que no ha sido detenido por la pandemia, es un movimiento que continuó, no se detuvo nunca y eso palabra de la indigencia y de la aprieto de nuestra actividad. No podían detenerse ellas como siquiera podemos detenernos nosotras aquí.

Creo que la pandemia ha implicado un trauma social de dimensiones que todavía no logramos advertir aún.

VERÓNICA MENDOZA GARCÍA, COCINERA Y EMPRESARIA 

Foto: Cortesía para SinEmbargo

Yo soy Verónica, tengo un restaurante en la Ciudad de México y tengo 56 primaveras. Trabajar en la pandemia sí ha significado un decano esfuerzo. Se alcahuetería de vencer el miedo porque los compromisos son muchos. En el restaurante tengo cerca de 10 personas trabajando y son ellos y nuestras familias las que dependen del negocio, así que decidimos seguir delante.

Fue un pelea modificar la forma de ir a hacer compras, dar servicio al cliente, cómo reabrir con todas las medidas de sanidad, pero tuvimos que aplicarnos en ese aspecto para que el cliente lograra encomendar en el negocio. Al inicio de la pandemia, nosotros no teníamos servicio a domicilio entonces tuvimos que acogerse a las aplicaciones, formarse a embalar la comida. Fueron varios problemas, pero a la época ya agarramos experiencia. Los miedos fueron de cómo acreditar la renta, a los empleados, cómo cuidarlos. En medio de seguir estaba el temor de contagiarnos y lo seguimos teniendo.

Yo soy muy observadora y pienso que las mujeres, ayer y ahora con la pandemia, tienen un papel muy importante en la vida diaria. Somos las que llevamos una casa, las que estamos al irresoluto de los hijos, somos muy responsables, muy sensibles. No nos sentaríamos a ver un problema y dejarlo ahí; nosotros resolvemos, sabemos resolver.

Las mujeres no nos echamos para antes. Nunca. Yo observo cuando voy de compras, cuando voy en el Medida veo que la mayoría de las personas que van con bolsas, cargando cosas para liquidación, son mujeres que día a día van luchando por aguantar un peso a su casa.

La mujer no se deja vencer tan fácilmente. En la pandemia menos. Hemos tenido que vencer medios, incertidumbre. Hemos vivido los terremotos, vemos el desastre que dejan, se levantan los escombros, pero pasan. Ahora el miedo lo tenemos lógico, sí da miedo estar entre tanta familia, pero finalmente tengo que seguir hasta que la vida me lo permita.

YADHIRA FERREIRA, TAQUILLERA DE METRO

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Foto: Cortesía para SinEmbargo.

Mi nombre es Yadhira Ferreira Martín del Campo y soy taquillera del Sistema de Transporte Colectivo Medida. Los trabajadores del transporte estamos muy conscientes que el Medida es la red que mueve a toda la Ciudad de México y definitivamente no puede detener bajo ninguna circunstancia. Tenemos la camiseta puesta siempre y seguimos trabajando.

Ha sido complicado porque mucho personal se fue a resguardo, por ejemplo los que tienen hijos menores de 12 primaveras y los que tienen enfermedades crónicas como son diabetes, hipertensión o cáncer. Bajó considerablemente la plantilla. Eso ha implicado mayores cargas de trabajo y los movimientos de horario, por lo que nuestros derechos laborales se han ido mermando a raíz de esta pandemia.

Yo estaba en un tercer turno y asignada a la Trayecto 4. Pero de un día para otro fue un variación total y nos dijeron que por micción del servicio teníamos que cambiarnos de turno y espacio todos los días. Los horarios del Medida son muy complicados. Tenemos que lograr a la hora que abre el servicio [5 de la mañana]. Nos transportan en automóvil particular o en Metrobús, y pasa por nosotros a las 2:30 de la mañana. Ya teníamos un esquema de vida y ahora tienes que salir de tu casa a las 2 de la mañana para lograr a un primer turno. Eso es lo que más nos ha pegado y nos tenemos que encajar.

La mayoría de las mujeres tenemos un doble rol en el trabajo, llegan a los hogares al trabajo no remunerado de ver a niños, adultos mayores o enfermos. Esta pandemia sí nos caldo a mover todos los ámbitos personales, entonces solo nosotros podremos contrarrestar esto. Si no tenemos el adecuado cuidado, vamos a seguir en esta situación. He trillado casos cercanos por COVID, incluso compañeros y compañeras que tuvieron la indigencia de trabajar, pero ya no están con nosotros.

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