Yucatán

Reflexiones de fin de año: Sed de congruencia

Reflexiones de fin de año: Sed de congruencia

CARLOS R. MENÉNDEZ LOSA (*)

¿Qué clase de gobernantes exige el progreso de México? ¿Quién debe encabezar los esfuerzos públicos en Yucatán y sus municipios? ¿Qué debemos exigir a quienes nos gobiernan o pretenden hacerlo a partir del próximo año? ¿Debemos aspirar a que cumplan lo que prometen y sean congruentes con los principios que dicen defender?

Ante la inconsistencia creciente, ¿cabría aceptar que supuestos fines justifiquen los medios para obtenerlos? ¿Se necesita una auditoría social fuerte que limite la corrupción y frene la impunidad que la cobija? ¿Vivimos los tiempos del “mal menor” o el “peor es nada”?

Impactados por la pandemia, el año que termina nos deja preocupantes muestras de falta de congruencia entre lo que prometen y cumplen las autoridades, de la facilidad con que legisladores, líderes partidistas y gobernantes claudican de principios y valores en busca de supuestos beneficios sociales que la comunidad rechaza, acepta por ignorancia o conveniencia, o simplemente desconoce por el oscuro proceder de la autoridad.

En 2020 vimos crecer las incongruencias de un gobierno federal que, lejos de frenar la corrupción, fomenta la impunidad en el terreno de los cercanos; ridiculiza a la prensa independiente al tiempo que financia a quienes le ensalzan; una administración que a diario fomenta el odio entre los mexicanos y descalifica la falta de congruencia de sus opositores pero impulsa en sus estructuras políticas y partidistas los métodos y alianzas que critica.

En Yucatán, el año que termina fue testigo del intento casi enfermizo del Ejecutivo por concentrar el poder y fortalecer el control político; por minimizar la crítica, fomentar el elogio zalamero y desviar la atención de documentados escándalos que cuestionan su integridad. En una apuesta al olvido, de nuevo el silencio prevalece ante las acusaciones de actos de corrupción entre funcionarios de alto rango en la administración.

En 2010, en su libro “Viaje al centro del hombre”, el filósofo Carlos Llano Cifuentes advertía que en nuestro país privaba “un hambre imperiosa de la verdad”, de “vivir como se habla, decir lo que se piensa y cumplir lo que se promete”.

Diez años después, en los ámbitos nacional y local seguimos padeciendo la incongruencia de gobiernos que hablan en una dirección y actúan en la contraria, que con total impunidad faltan a sus promesas y parecen no inmutarse ante el creciente descontento de sus gobernados, confiados en sus cifras y esfuerzos propagandísticos.

Presenciamos con aparente indiferencia cómo se socavan instituciones que son contrapeso clave al poder omnipresente, cómo se acude a la propaganda simplista para ensalzar cuestionados logros, en continua campaña electoral, y cómo se fomentan programas asistenciales de corto plazo, que reparten migajas y obstaculizan la necesaria productividad que lleva al desarrollo.

Con gobiernos que tergiversan la realidad o callan sistemáticamente ante la denuncia pública, que intentan minimizar evidentes muestras de corrupción y faltas a la justicia, en clara contradicción con sus promesas de campaña, ¿debemos los yucatecos mantenernos al margen? ¿Se justifica que, en aras de conservar la supuesta seguridad que nos distingue, aceptemos el incumplimiento de promesas y el silencio inaudito de quienes gobiernan?

Una sociedad pasiva e indiferente, que no exige cuentas claras a sus servidores públicos, estaría dando pasos firmes a un autoritarismo que nos puede llevar a un clima de inequidad e injusticia y, por consiguiente, a la inseguridad que tanto nos inquieta.

En 1999, en editorial de fin de año, don Carlos R. Menéndez Navarrete, tercer director general de Diario de Yucatán, preguntaba: “¿Alguien se siente responsable o considera oportuno protestar por las agresiones a la verdad y la justicia en nuestra sociedad?” Y respondía: “Por falta de interés, confusión o desorientación, debilidad o ausencia de guías, hemos dado muestras este año de un desinterés peligroso que nos lleva a los límites de la indefensión social”.

Más de dos décadas después, las preguntas parecen tener vigencia en Yucatán, en todo México. El aparente desinterés por combatir la arbitrariedad, de luchar contra el interés oscuro disfrazado de beneficio social, nos indicaría que para muchos yucatecos, para buena parte de los mexicanos, el objetivo de “vivir como se habla, decir lo que se piensa y cumplir lo que se promete”, como proponía Carlos Llano, sigue siendo una realidad muy lejana, difícil de alcanzar, por la comodidad, la indiferencia o la ignorancia que dominan nuestros actos.

El año que estamos por iniciar nos ofrece de nuevo la oportunidad de definir o confirmar nuestras aspiraciones democráticas, de preguntarnos una vez más qué tipo de gobernantes necesitamos y qué clase de ciudadanos queremos ser.

Las elecciones de mediados de año y la conveniente, recomendable auditoría social al gobierno a lo largo del calendario pueden motivarnos a tomar un rol más activo en las decisiones que afectan a la comunidad, a analizar las propuestas de nuestros políticos, medir los niveles de congruencia en sus actos, apoyar o cuestionar a quienes lo merezcan, y elegir a quienes puedan vivir como hablan y cumplir lo que prometen, si eso resulta prioritario.

¿Qué clase de políticos y gobernantes necesitamos? ¿Qué debemos exigirles? ¿Debemos aspirar a que cumplan lo que prometen y sean congruentes con los principios que dicen defender? Creemos que sí. Lamentable sería, en nuestra opinión, que nos limitemos a ser testigos mudos de esos tiempos del “mal menor” o el “peor es nada” que nos quieren vender los parásitos del poder que se nutren de la apatía y el temor del ciudadano que no se anima a exigir lo que le corresponde. La oportunidad la tenemos enfrente. Podemos, debemos aprovecharla.

Compromiso. Al concluir 2020 y comenzar un esperanzador año nuevo, reiteramos el objetivo prioritario de Grupo Megamedia y sus empresas: informar y ayudar a la comunidad a formarse opinión. Contar las cosas como son, sin temores ni favores; ser útil contrapeso al poder político, un freno permanente a las oscuras intenciones de políticos y gobernantes expertos en debilitar a la sociedad organizada mediante la compra de voluntades, con prebendas y beneficios económicos que atraen y corrompen. Un contrapeso indispensable en esa auditoría que vigila y exige cuentas claras a los administradores del bien público, al margen de orígenes partidistas.

Nuestra gratitud al buen público lector y anunciante por su confianza en 2020. El compromiso se mantiene: ser en 2021 instrumentos de la verdad, la justicia y la voluntad de Dios, al servicio de la comunidad. Confiados en los designios de la Providencia, imploramos de nuevo la bendición que ilumine y guíe nuestras decisiones en esta lucha diaria en pro de la libertad de expresión.

¡Feliz año nuevo!— Mérida, Yucatán.

[email protected]

* Director general de Grupo Megamedia

www.yucatan.com.mx

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