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Empresario mexicano encabeza megaproyecto deportivo en Verona

Empresario mexicano encabeza megaproyecto deportivo en Verona

El emblemático estadio de futbol veronés Marcantonio Bentegodi está a punto de pasar a la historia. El gigantesco y vetusto monstruo de cemento será demolido en los próximos meses. En su lugar se construirá un megaproyecto que incluye un nuevo estadio, hotel, museo y otros locales para la fanaticada. Los impulsores de esa obra, que arrancará a principios de 2021, son el exfutbolista alemán Thomas Berthlod y el empresario mexicano afincado en Nueva York César Octavio Esparza Portillo. Este emprendedor es quien está detrás de la construcción de dos grandes estadios: uno en Yucatán y otro en Monterrey.

ROMA (Proceso).– En un barrio populoso del oeste de la rica Verona, una urbe mediana italiana que la gente conoce sobre todo por la tragedia de Romeo y Julieta y los espectáculos de la Arena, se alza un enorme edificio, avejentado y desangelado: es el estadio Marcantonio Bentegodi.

Hoy, ese gigantesco monstruo de cemento inaugurado en 1963 está en la mira del exbutbolista alemán Thomas Berthold, de la Roma y campeón del Mundial de 1990, y de César Octavio Esparza Portillo, un empresario mexicano afincado en Nueva York.

Desde hace poco más de dos años, ambos promueven un arriesgado megaproyecto –primero en su género– que incluye la construcción de un nuevo estadio para esa ciudad. Todo comenzó en México, cuando el veterano jugador de futbol reconvertido en consultor deportivo puso en marcha el engranaje.

Cuenta Berthold: “En 2017 me encontraba en México porque el cineasta Fernando Calif me había invitado a participar en Becoming Champions (un documental que repasa la historia de los campeones mundiales de futbol). Fue entonces que tuve la idea: contacté a un amigo alemán, Peter Klees, y le pedí ayuda. Él me ayudó a ponerme en contacto con César (Esparza Portillo)”.

Y César –quien en su cuenta de Twitter cita a la frase de Victor Hugo: “Nada es tan poderoso como una idea cuando ha llegado su hora”– es hoy la otra cara visible que impulsa el proyecto veronés por medio de su empresa Juego de la Pelota Inc.

Su negocio es la construcción de estadios modernos que se adapten al medio ambiente. De ahí que su proyecto haya llegado a Italia en un momento ideal para las inversiones de ese tipo; es decir, cuando las políticas en el país y en Europa se orientan a la promoción de obras “verdes”.

La elección de Verona como destino llegó en diciembre de 2017, cuando Francesco Barresi, entonces directivo del Hellas Verona, buscaba inversiones para las estructuras deportivas en su ciudad.

“Otro jugador me habló de Berthold y de un grupo de empresarios mexicanos que podían estar interesados, y los llamé”, relata Barresi. A partir de 2018 Berthold y Esparza establecieron contactos con la dirección del Hellas Verona; después con Federico Sboarina, jefe de una coalición de centroderecha y alcalde del ayuntamiento veronés, la institución que tiene la última palabra sobre el terreno donde se ubica el viejo estadio Bentegodi. A Sboarina, un confeso tifoso –fanático del futbol–, le agradó la idea; tanto, que el 27 de marzo de 2019 él mismo difundió una nota pública para anunciar el proyecto a la población veronesa. La expectación creció y quedó plasmada en numerosos artículos publicados en la prensa local.

Al mes siguiente, la sociedad Nuova Arena Srl, creada para llevar adelante el proyecto –de la que Esparza es presidente y Berthold, vicepresidente–, presentó el estudio de factibilidad, un procedimiento obligado para la construcción, y, en diciembre de ese año, después de una votación –con 22 votos a favor y seis en contra–, el Consejo Comunal de Verona declaró que el proyecto era “de interés público”.

La razón de este júbilo, explica el periodista y analista deportivo Matteo Fontana, es que “nadie nunca antes había presentado una propuesta tan estructurada y a costo cero para el ayuntamiento”.

Según la iniciativa original de Berthold y Esparza, la estructura será pagada completamente con fondos privados a los que se les dará una concesión de 30 o 40 años, de acuerdo con las filtraciones de los medios veroneses y nacionales.

Y llegó la modernidad

Matteo Fontana, quien trabaja para la Gazzetta dello Sport, el diario deportivo más leído de Italia, asegura que antes de conocerse el proyecto de Berthold y Esparza, durante años se habló del decaimiento del Bentegodi y de la necesidad de una remodelación o una reconstrucción.

El proyecto en sí, al menos en el papel, impresiona, dice el periodista afincado en Verona. Según las fuentes consultadas, la obra costará al menos unos 120 millones de euros, e incluye la construcción de un estadio de forma elipsoide con 32 mil butacas, un hotel con 210 habitaciones, algunas de las cuales tendrán vista a la cancha, un museo de 5 mil metros cuadrados con productos típicos italianos para el turista extranjero, un pequeño teatro, oficinas, tiendas comerciales, cafeterías, e incluso un parque externo para la ciudadanía.

“La idea es que sea una estructura icónica, inspirada en la Arena de Verona, socioeconómica y ambientalmente sustentable, que está abierta los 365 días del año”, dice el administrador general de Nuova Arena, Miguel Aguilar, un mexicano originario de Guadalajara que también es parte de la sociedad Juego de Pelota Inc.

Precisa que el propósito del proyecto es que los espectadores de la primera fila puedan ver desde muy cerca a los jugadores (al estilo inglés) y que el estadio también cuente con placas solares y un sistema especial de filtrado de agua.

Aguilar es ahora el “hombre en el terreno” y mano derecha de Esparza en el proyecto veronés. Confirma que los trabajos se retrasaron a causa de la pandemia – “perdimos casi siete meses”, dice–, pero entre finales de este año y comienzos del próximo se presentará la versión definitiva, que incluirá los estudios necesarios: la evaluación geológica y los últimos análisis de mercado, entre otros.

Cumplidos los requisitos, se abrirá el concurso de licitación y, acorde con la ley italiana, se recibirán los proyectos en un plazo no mayor de 120 días. Es difícil que en ese lapso alguna empresa estructure un proyecto que supere al de Berthold y Esparza.

Asignada la licitación, según Juego de Pelota, la construcción del nuevo estadio durará dos años. Hasta ahora no se han dado a conocer los nombres de los empresarios que aportaron sus capitales –por cuestiones de confidencialidad–, quienes gozarán de una larga concesión.

Esparza tiene un reto mayor, pues se encuentra inmerso en otros dos grandes proyectos en México: la construcción de un nuevo estadio sustentable en Mérida, Yucatán, anunciado por el gobierno de esa entidad en septiembre pasado, y otro similar en Monterrey, donde aún no tiene una fecha de inicio de construcción.

En el caso veronés, Esparza está recibiendo el apoyo de la diplomacia mexicana. Así lo atestigua un reciente viaje del embajador de México en Italia, Carlos García de Alba, quien el pasado 23 de septiembre visitó Verona y se reunió con el alcalde Sboarina.

Al final el alcalde veronés dijo que es “un hecho positivo que he apreciado y que certifica la solidez de esta propuesta”; García de Alba comentó: “A pesar de los problemas nacionales e internacionales por la emergencia provocada por la covid-19… la tramitación y la redacción del proyecto del nuevo estadio siguen avanzado”.

Según un comunicado emitido por el ayuntamiento, el diplomático le dijo a su anfitrión: “Me ocupé personalmente de verificar la seriedad de la empresa mexicana involucrada”.

Los escépticos

Además de Juego de la Pelota, que tiene un papel de coordinación del proyecto a través de la empresa italiana Nuova Arena, un puñado de empresas se han involucrado en el proyecto: el prestigioso estudio de arquitectura estadunidense Populus, la constructora italiana Di Vincenzo, la compañía británica especializada en ingeniería Buro Happold  y Legends, encargada de la factibilidad y planeación de la operación.

También está el Instituto de Credito Sportivo, una especie de banco del Estado que ha financiado la mayoría de las estructuras deportivas italianas desde los años cincuenta del siglo pasado, y que en diciembre del año pasado informó que vigilará sobre la operación, según explicó en su momento Andrea Abodi, presidente de la entidad.

No todos, sin embargo, están tranquilos. El proyecto también ha suscitado polémicas y quejas por parte de los habitantes de Verona, en particular los vecinos que viven cerca de la zona donde está el viejo estadio.

Temen que la obra les complique la vida; también han protestado los consejeros municipales del progresista Partido Democrático (PD), el principal partido de oposición en Verona, y representantes de la izquierda.

Según ellos, uno de los problemas es que la sociedad Nuova Arena “todavía no ha aumentado su capital hasta los 2.7 millones de euros, para luego alcanzar los 30 millones de euros. Es evidente que este fallo tiene un valor administrativo y político que no puede ser ignorado”, escribieron en una nota recogida por la prensa local Michele Bertucco y Giuseppe Campagnari, consejeros del PD.

El mismo escepticismo priva entre los tifosi. Carla Riolfi es una seguidora del Hellas Verona desde hace 40 años, que fue responsable de un grupo de aficionados entre 2003 y 2018, e incluso escribió un libro sobre el equipo en las últimas cuatro décadas.

Ella explica que, si bien cree que el actual estadio necesitaría trabajos de restauración, no le gusta ni el diseño presentado por el grupo de inversores extranjeros ni que los aficionados no hayan sido consultados para la obra.

“Recuerdo que hace unos 10 años el anterior presidente del Hellas, Giovanni Martinelli (fallecido en 2013), nos vino a visitar y nos presentó el que en ese entonces era su proyecto de reconstrucción del estadio. No quiso involucrarse –cuenta Riolfi–. Esta vez no ha ocurrido. Todo viene desde arriba. Esperemos que por lo menos el proyecto acabe bien.”

La construcción de nuevos estadios en Italia es un tema complejo. Desde hace años, en varias ciudades italianas se ha especulado sobre la construcción de estructuras nuevas y modernas; ninguna ha tenido éxito, incluso ha habido escándalos de en torno a esos proyectos.

Un caso emblemático es el del nuevo estadio del equipo de la Roma, uno de los conjuntos más importantes de la serie A italiana, sobre el que se está discutiendo desde hace más de una década. Según el plan original, ya debería haber sido construido.

Otros proyectos, como el de la Juventus, del Udine y del Frosinone, sí se construyeron, pero en esos casos los principales planificadores e inversores fueron italianos. Por ello, Fontana, el periodista deportivo, se muestra escéptico ante el megaproyecto en Verona: “Hasta que lo vea, lo creeré”.

Reportaje publicado el 11 de octubre en la edición 2293 de la revista Proceso.

www.proceso.com.mx

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