Chiapas

Gobierno de fanáticos, indignos y cínicos

Letras Desnudas

Mario Caballero

Gobierno de fanáticos, indignos y cínicos

¿Hacia dónde nos dirigimos? La pregunta no es trivial ni, mucho menos, retórica. Nunca, en la historia reciente, Tuxtla Gutiérrez había tenido un presidente municipal tan enfermo de poder como el hoy en funciones. Nunca, tampoco, el presidente municipal había sido tan descarado y codicioso sobre las razones para acumularlo en su persona.

¿Para qué buscar el poder? ¿Para qué concentrar tanto si no sabe utilizarlo? El alcalde Carlos Morales Vázquez parece estar más metido en sus obsesiones -y en buscar cómo eludir los problemas que él mismo ha provocado- que en ejercer el poder para realizar las funciones de gobierno para las que fue electo. La realidad es irrefutable y, a dos años de su gestión, no sólo perdió la confianza de los ciudadanos, sino, además, debilitó el entramado institucional, la economía local, la seguridad, puso en indefensión a la gente ante la pandemia y su gobierno incompetente y claramente corrupto es el gran obstáculo que su partido, MORENA, tendrá que sortear en las próximas elecciones si no quiere perder la posición en la capital de Chiapas.

El alcalde Morales no se ha dedicado a gobernar, sino a beneficiarse del gobierno. La realidad es irrefutable -decíamos- y, a pesar de la evidente malversación de los recursos públicos, nadie en el Cabildo, ni en su círculo íntimo ha sido capaz de decirle siquiera que “hay que ser cochi, pero no tan trompudo”. Él, sus hermanos Jorge y Antonio, y varios funcionarios de primer nivel “gobiernan” como si estuvieran en un día de campo, solazándose en un festín de rapiña.

¿Para qué el poder? ¿Para qué buscar tanto ser presidente municipal si al conseguirlo sólo demostraría que el cargo le queda demasiado grande, con resultados que rebasan lo catastrófico? ¡Eh! ¿Para qué?

Pido disculpa por el cliché, pero con el gobierno de Carlos Morales salimos de Guatemala para entrar a Guatepeor. Tuxtla Gutiérrez se ha convertido en una de las ciudades más inseguras de Chiapas y del país desde que inició el actual gobierno, donde 7 de cada 10 habitantes no se sienten seguros en su colonia ni protegidos por los agentes policiacos. Según las estadísticas, se cometen tres asaltos en promedio diariamente. Nada más la semana pasada los criminales a bordo de motocicletas, mismos que igual asaltan negocios como también cuentahabientes y transeúntes, se hicieron de un botín de 781 mil pesos en sólo cinco atracos.

Ese sólo tema es suficiente para advertir que Morales Vázquez no tiene la menor idea de cómo gobernar a esta metrópolis. Sin embargo, el desastre de su gobierno no es reflejo solamente de su incapacidad, de sus delirios de grandeza y de su desinterés por los asuntos de la ciudad, sino también del desprecio que siente hacia sus colaboradores y de la complicidad de su equipo de trabajo. Quienes por su función tienen un trato cercano con él lo describen como un gobernante que no escucha razones, que no toma decisiones basado en el conocimiento y que no tiene oídos para oír otra voz que no sea la suya. Por otro lado, es complaciente con los que lo aplauden.

El trato es francamente agraviante. Si no es grato sentir la agresión del presidente municipal, siendo su crítico, no puedo imaginarme lo que debe implicar ese desprecio siendo su colaborador.

Hasta ahora, muy poco se ha hablado de lo que significó la renuncia de Francisco Javier Zorrilla Rabelo, secretario general del Ayuntamiento hasta el 15 de enero del presente año.

Zorrilla fue prudente al exhibir los motivos de su renuncia. Mediante un escrito de apenas cuatro párrafos dio a conocer que dejaba el puesto por así convenir a sus intereses personales. Incluso manifestó su agradecimiento a Carlos Morales por la confianza que le había conferido para desempeñar tan importante función.

No obstante, el mensaje de su renuncia a poco más de un año de iniciada la administración demostró dos características esenciales del gobierno tuxtleco. Uno: el proyecto de gobierno del alcalde de origen coiteco es ciego. Dos: el discurso moral y honestidad es pura hipocresía. Es decir, quien fuera el colaborador de mayor confianza del presidente no sólo por su función sino también por su cercanía, dijo con su renuncia que Carlos Morales toma decisiones por capricho, no sigue las reglas, no tiene interés en escuchar y se guía por sus ambiciones.

Hubo comentarios de que Zorrilla habría dimitido después de sostener una acalorada discusión con Morales Vázquez. No quiso seguir soportando la intolerancia y la cerrazón del edil.

FANÁTICOS, INDIGNOS Y CÍNICOS

No me atrevo a decir que Tuxtla se ha convertido en la ciudad de un solo hombre. Pero lo cierto es que el presidente municipal está tan inflado de poder que sofoca las voces de su propia administración. Ha dicho que la lealtad que exige su proyecto no tiene por qué abrir los ojos. Sí: el día que protestó al cargo dijo que él no le debía nada a nadie y que por eso mismo merecía lealtad ciega por parte de sus colaboradores.

¿Hay lugar para la colaboración digna dentro de un gobierno que exige ceguera? No.

La renuncia de Francisco Zorrilla fue elocuente e indica que los políticos que siguen en el gobierno son fanáticos, indignos y cínicos.

Fanáticos son los que creen que vivimos tiempos mejores. Como Jorge Alexis Zuart, Carlos Gorrosino, Alexis Sánchez, Jorge Gómez Reyes, José Ruíz Samayoa, Guadalupe Alfaro y Karla Burguete Torrestiana, quienes aseguran que la violencia continua, la inseguridad, la catástrofe sanitaria, el desprestigio institucional, la ruina económica y la falta de obras son inventos de la prensa que en nada empañan los días gloriosos que vivimos gracias al oficio honesto y profesional de Carlos Orsoe Morales Vázquez.

Varios de ellos están embarrados en el escándalo de la mujer policía a la que dos de sus compañeros de trabajo trataron de quemar viva. Se dice que, por órdenes de Óscar Martínez Gris, director de Tránsito Municipal, la Clínica Malibú se negó a darle atención médica a la agente. También que Carlos Morales y los responsables del delito están buscando reparar el daño y borrar las horribles cicatrices que quedarán por siempre en el cuerpo de la mujer con sólo 20 mil pesos. Y que Jorge Alexis Zuart está obligándola a reincorporarse a su trabajo pese a la incapacidad física y psicológica que presenta dicho oficial.

Los indignos saben que las cosas van mal, pero están dispuestos a callar para preservar sus privilegios y su lugar en la mesa. Entre ellos pueden contarse casi todos los regidores, que reciben las órdenes de Carlos Morales y las cumplen a pie juntillas, no les importa ser tratados como meros objetos decorativos, ninguneados y perder el prestigio de toda una vida. Son tapetes, pero se creen luminarias.

Los cínicos son los políticos que saben que el gobierno ha perdido contacto con la realidad, que motiva el saqueo y políticas ruinosas. Reconocen que el alcalde utiliza a las autoridades estatales en su favor y que les miente a los ciudadanos con tal de obtener su confianza. Empero, a diferencia de los fanáticos que babean y los indignos que se arrastran, los cínicos buscan beneficiarse en la complicidad. ¿No es así, Paco Rojas? ¡Chao!

[email protected]

diariodechiapas.com

mxra8
the authormxra8

Leave a Reply